Sala de lectura de la Biblioteca Nacional Argentina de la ciudad de Rosario.

La foto que se ve al principio muestra un lugar en donde he pasado muchas horas de mi adolescencia. Es que mucho de lo que podido leer se lo debo a las bibliotecas públicas.Para quien no vive en Argentina tal vez no conoce lo que es leer hasta caminando, por no dejar de mencionar: en el colectivo, en el subte, en la plaza, mientras comemos, en la playa y por supuesto en el sillón y la cama. Esto de debe en gran medida a justamente las bibliotecas, y sobre todo las públicas, que son muchísimas en este país, cada pueblo tienen la propia y en las ciudades hay por lo menos una por barrio. Tomemos noción de lo que es esto, cuando se prohibían casi todas las importaciones (y conseguir cosas básicas era un problema) no importo tanto como cuando dijeron que no iban a ingresar libros; flor de revuelto que se armo.

Es que es definitivo, al menos a una parte importante de los argentinos, nos gusta leer y mucho.

Hoy debo aceptar que ya no voy tanto a las bibliotecas, aunque cada tanto me doy una vuelta. Tal vez por esa marca, tal vez porque no siempre compre los libros para leerlos, encontrar bibliotecas virtuales fue toda una alegría (más bien diría un acto nostálgico).

Pues bien las nubetecas ya están aquí, se pueden pedir prestado y por supuesto hay que devolverlos a tiempo, corriendo con penas en caso de no cumplir en tiempos y formas.

Referencias: NubetecaGrammata (servicio pago argentino)

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